domingo, 18 de junio de 2017

Despedida asturiana de no padre

Interactuando con un lugareño.

No era exactamente una despedida, pues el protagonista de nuestro evento lleva ya unos meses casados, sino una despedida de no padre, pues en septiembre él y su señora tendrán una niña. Y dado que lo de la prole es una barrera más real para lo de salir de fiesta que el mero papeleo del matrimonio, tenía más sentido hacerlo ahora. Además, cualquier excusa es buena para juntarnos los amigotes y montar una fiesta.

A tal fin, el plan incluía los mandatorios disfraz y secuestro, para pasar el fin de semana en otra comunidad autónoma. En este caso el destino elegido fue Avilés, donde nos dispusimos a ingerir cachopo y sidra en cantidades moderadas. Muchas cantidades moderadas.

Un ligero piscolabis.

Nos plantamos en su casa a las 9 de la mañana del sábado y acto seguido cogimos los coches rumbo a Asturias. Una vez en Avilés, checkin en el hotel y poteo, acompañado en todos los bares de alguna tapa. Llega la hora de la comida y... comidos para ese día, cenados y casi desayunados. Croquetas, rabas y los inevitables cachopos.

Dado que el día iba a ser largo y no queríamos estar derrotados a las 23:00, nos pasamos por el hotel a por una siesta y al recuperar algo de energía nos vamos nuevamente a reconocer bares callejeros, en lo que acabaría siendo una nebulosa de sidra, ron, compuestas y cerveza (salvo yo, que la cerveza la odio). Por ahí anduvimos, sin alejarnos demasiado de la plaza del Carbayedo (del Zodiaco) hasta que a las 3-4 ya optamos por retirarnos. Y hoy domingo, dormir hasta las 11 o así, checkout y vuelta a Bilbao.
No podía faltar la parte de hacer el tonto con las estatuas, por supuesto.

Es cierto que no hicimos ninguna actividad de deporte-aventura, que suele ser tradicional en este tipo de eventos, pero sí que hicimos deporte cuando en nuestro paseo nos topamos con un evento de spinning callejero que organizaba el Ayuntamiento, y en el que durante un rato nos pusimos a pedalear como si no hubiera mañana. Había mucha comida que quemar.

En la parte negativa: mi querida camiseta de Pornstar, que me llevaba acompañando desde 2003, se me quedó olvidada en el hotel, por lo que pasa a formar parte ya del mundo de los recuerdos. 
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