miércoles, 19 de marzo de 2014

Teléfonos y vasos

Mi primer teléfono movil.

En esta era de las telecomunicaciones en la que vivimos, hay dos dramas que diariamente sufrimos en el primer mundo, que son quedarnos sin batería y quedarnos sin cobertura. En ambos casos, ese moderno apéndice de nuestro cuerpo que es nuestro smartphone queda reducido a llavero gordo, devolviéndonos de golpe al S. XX.

Para lo de la batería venden cacharros que sirven para recargar sin enchufar a la red y pueden alimentar a esas insaciables bestias, ávidas de corriente que son los teléfonos móviles (el mío pasa más tiempo enchufado que sin enchufar, a veces me planteo si realmente es móvil).

Para lo de la cobertura (que en un teléfono patata como el que tengo yo es una cuestión casi aleatoria) me comentaron hace un par de semanas un truco, con aire de magufada, pero que parece funcionar. El truco consiste en meter el móvil en un vaso, preferiblemente de cristal (y vacío, claro), y la cobertura mejora, incluso en sitios donde es más complicado que llegue bien la señal.

Como mi conocimiento en telecomunicaciones es nulo, es una cuestión que no puedo ponerme a afirmar ni rebatir, pero como intentarlo es gratis, hice la prueba, y tengo un vaso (de plástico duro) en la mesa de la oficina, y probé a meter el teléfono dentro, en una de las múltiples veces en las que la cobertura se fue a bailar, y de repente volvió la señal, y con ella todos los mensajes de Whatsapp que estaban en espera. Tal vez solo sea una coincidencia, pero resultó.

Repito que por mi ignorancia, no puedo saber si el vaso hace de antena, o si simplemente fue puta casualidad, pero si se va la cobertura (cosa común en mi senil Samsng Galaxy), es una cosa que intentar.
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