viernes, 28 de marzo de 2014

Tarta de queso con frambuesa

Este es el resultado.

Ayer fue tarde de cocinillas, ya que hoy me tocaba llevar algo de repostería para el rato del desayuno, y me dio por poner en práctica una receta de tarta de queso que me habían pasado (bien sencilla; 6 huevos, dos tarrinas de queso fresco, un bote grande de leche condensada, una hora de horno a 180º y mermelada).

La masa ya está en el molde.

Pero los comienzos no fueron muy buenos, ya que hice la masa, la metí en el horno, y al sacarlo tenía dos problemas: uno, que los bordes se habían requemado, y dos, que al sacarlo del molde demasiado pronto, quedaba una plasta que vagamente recordaba a una tarta. La puse sobre un plato y le afeité los bordes quemados. Después le eché mermelada de mandarina (artesana, por cierto) por encima, pero el resultado visual no mejoraba demasiado.

Y dado que quería llevar algo que fuera más o menos atractivo a la vista, y que además me había sobrado un poco de masa, cogí otro recipiente y horneé una nueva tarta.

Esto ya era otra cosa.

Una tarta mucho más bonita, pero de un tamaño muy pequeño, y que no iba a tocar a casi nada. Así que solución salomónica, me llevé las dos (la de mandarina y esta que recubrí con mermelada de frambuesa) y si sobra, que sobre.

La verdad es que no ha sobrado nada de la de mandarina, y ha tenido bastante éxito, pese a que yo me temía que iba a resultar demasiado empalagosa. Pero con una noche de nevera ha adquirido una textura perfecta y un sabor muy suave.
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