viernes, 14 de marzo de 2014

Final Fantasy XII

Los perotagonistas.

Atrás quedaron los tiempos en los que un nuevo Final Fantasy era un acontecimiento, y lo cierto es que este ha pasado sin pena ni gloria por mi consola. Sí creo que si lo hubiera jugado con 15 años menos me habría encantado, ya que gráficamente es vistoso, el sistema de juego está bastante bien y tiene muchas, muchísimas historias secundarias y cosas para hacer. Pero como lo empecé con 30 años, pues no es el caso.

Aunque una cosa caracteríza a este juego, y es que he tardado un montón en acabármelo. Lo compré y empecé hace 5 años, pero no me enganchó demasiado. Año y pico después lo retomé, y jugué bastante, pero me atasqué (cristal de Giruvegan, para quien lo haya jugado) y lo dejé abandonado como 3 años, hasta que me dio por ahí y me lo acabé pasando. El final, pse, sin más.

El argumento del juego no lo puedo juzgar bien, claro, ya que jugarlo de esa manera implica no acordarte de a quién te enfrentas ni por qué, y ver en las intros a gente que ni te suena, pero sí me quedo con que es un, ejem, claro homenaje a Star Wars (un Star Wars en el que Chewbacca es una conejita de Playboy, por cierto), con su Han Solo, su Luke, su princesa Leia, su Darth Vader (Darth Bruder, más bien), su Estrella de la Muerte... Pero claro, sería injusto si me metiera con el argumento. Sí me quedo, eso sí, con el regusto de que Vaan, el protagonista, es más soso que el pan sin sal y los secundarios le comen completamente la tostada.

Hablaré, pues, del sistema, y es que Final Fantasy XII rompe completamente con el esquema habitual del combate por turnos y de corretear por un pasillo con una acción que se para cada vez que aparece, de la nada, un bicho. Aquí no, aquí los bichos los ves venir, y te puedes pegar con ellos o no. Y como respetan el sistema clásico de comandos, el cambio me pareció a mejor ("¿Quién eres y qué has hecho con Jokin?", se preguntarán algunos), y añadían además la posibilidad de automatizar las batallas, con lo que las mazmorras llenas de bichos ya no se hacían tan tediosas. Claro que en la práctica todo se reducía a pego-pego-pego-pego.

No me terminaron de convencer las invocaciones, que no llegué a usarlas prácticamente nunca, ni las llamadas sublimaciones, técnicas especiales y poderosas, que no me enteré bien de cómo iban y pasé de ellas olímpicamente. A decir verdad, mis comandos se reducían a "atacar", "robar" y "magia blanca". No hacía falta más.

El sistema de avance, sigue teniendo los clásicos px, con sus subidas de nivel, y añade el cuadro de "licencias", un árbol de avances más o menos similar a las esferas del FFX, que habilitaban el uso de objetos y conjuros. Esto no me terminó de convencer tanto.

En cuanto a toda la ristra de búsquedas secundarias, pues hice algo de caso a la caza de escorias (misiones de ir a buscar y cazar bichos especiales, un poco a lo Pokémon), que daban tesoro especial (una curiosidad, los bichos, como es lógico, no sueltan dinero, sino que dan objetos, como pieles, huesos, colmillos, que luego puedes vender. Más lógico, pero más coñazo), y estuve cazando unos cuántos, hasta que me di cuenta de que tenía cosas mejores que hacer con mi vida.

En resumen, no diría que Final Fantasy XII es un mal juego, pero está claro que no ocupará ningún hueco especial en mi corazoncito. Tal vez si lo hubiera conocido cuando tenía 20 años, la cosa habría cambiado. Pero este no ocupará ningún puesto en el hall de los RPG.
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