miércoles, 11 de septiembre de 2013

La biblioteca de Cartago

La cabecera de la web.

De entre las muchas páginas web que pueblan Internet, hay una a la que tengo especial cariño, y es la página dedicada al juego de rol Vampiro: la mascarada, la Biblioteca de Cartago. No recuerdo muy bien cómo llegué a ella, sí que recuerdo que era una página con un montón de documentación sobre el que por aquella época (hablamos de 1999) era mi juego favorito, pero lo que más recuerdo es la Sociedad Occultae, un grupo de usuarios de la web, que se comunicaba por medio de la lista de correo (que posteriormente se acabaría convirtiendo en un foro), bajo la máscara de un personaje, un supuesto vampiro de la ambientación del juego.

Era una lista de correo bastante activa, y una fuente de diversión, en los ratos de descanso en la universidad, en los que no teníamos acceso a Internet, pero sí al correo electrónico, y aquella lista de yahoogropus (antes egroups, antes onelist) se convertía en un activo espacio en el que intercambiar todo tipo de opiniones, generalmente sobre rol, pero también de todo un poco, y como suele pasar con las relaciones cibernéticas, con algunos de los usuarios se acaba traspasando la barrera, y cuento entre algunos de mis amigos actuales a gente que conocí gracias a aquello.

Sin duda uno de los momentos que con más cariño recuerdo fue una kedada que hicimos en Salamanca en el año 2000, que me pilló además en un momento en el que a causa de una dolorosa ruptura sentimental necesitaba urgentemente cambiar de aires, y acudí al evento, en el que frikis de toda España nos juntamos en un camping, a hacer en persona lo mismo que hacíamos todas las mañanas delante de la pantalla del ordenador: el gilipollas. Uno puede pensar en una kedada de usuarios de un foro sobre rol y vampiros como un grupo de chavales ojerosos y vestidos de negro, pintando símbolos arcanos con las tripas de un pollo bajo la luz de velas negras. Pues no, al final éramos un grupo de chavales de 18-25 años, haciendo cosas de chavales de 18-25 años: beber hasta las trancas y compartir batallitas. Fue algo de lo que tengo un recuerdo muy bonito, y sobre todo ese sentimiento de camaradería de estar con gente a la que acababa de conocer hacía escasas horas, y que eran ya como amigos de toda la vida. 

Poco a poco las aficiones fueron cambiando, y algunos fuimos abandonando la "Sociedad Occultae", aunque queda el recuerdo de aquel espacio en el que compartir mis chorradas (por aquel entonces no tenía un blog) y conocer gente. Y para el anecdotario quedan unas navidades que por circunstancias familiares tuve que pasar en Pamplona, y en las que el sábado amenazaba con condenarme a quedarme colgado y sin planes por la noche, pero que tirando de Biblioteca de Cartago pude contactar con unos frikis autóctonos que me sacaron de fiesta, en una de las noches más divertidas que recuerdo, litrando entre la nieve.

Y parte de esto se lo debo a mi alter ego, al ficticio Enrico Giovanni, príncipe de Alba Iulia.
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